El poder ilimitado de la fe
“Hay muchas obras sorprendentes y extraordinarias que Dios realizaría si su pueblo tuviera más fe.” - Daniel Carro (1)
Una de las mayores divisiones en la iglesia actual es entre los que creen que Dios todavía nos da el poder para hacer milagros y los que creen que los milagros no son para hoy. A veces esta división se describe en la terminología carismático o pentecostés por un lado y conservador al otro. Los conservadores a veces dicen que los carismáticos sólo buscan una experiencia sin prestar atención a lo que dice la Biblia. Los carismáticos, por otra parte, suelen hablar del temor a lo milagroso que les atribuyen a los conservadores; y ellos también creen que interpretan la Biblia correctamente. La meta de este estudio es ir a las escrituras con la cuestión de este asunto de lo milagroso y así quizás comenzar a desarrollar una perspectiva más fraternal acerca de estos temas, en la que estas distinciones entre diferentes grupos, por la gracia de Dios, se podrán, creo, minimizar para juntos poder trabaja para la expansión del reino de Dios en nuestros tiempos.
Estamos explorando las siguientes preguntas:
- ¿Qué dice la Biblia acerca de la habilidad de hacer lo milagroso?
- ¿Cuáles deberían ser nuestras expectativas con respecto a esta habilidad?
- ¿Cuál es el propósito de milagros?
- ¿Hay alguna limitación del poder milagroso, sea una limitación cronológica, o una limitación a ciertas personas?
Por supuesto, todos quieren saber lo que dicen las escrituras acerca de cualquier asunto controversial. Pero no es suficiente simplemente preguntarle algo a la Biblia, agarrar un versículo y varias frases y proclamar, que hemos resuelto el asunto. Muchas veces las escrituras no tienen una respuesta directa a nuestras preguntas. Muchas veces la solución no se encuentra entre dos o tres opciones que están de moda en la temporada actual, sino en una manera de pensar que es completamente diferente. Desafortunadamente, la tendencia nuestra es primero llegar a una conclusión y después ir a la Biblia para ver si podemos comprobar lo que ya nos parece debe ser la verdad. Pero mejor sería investigar las escrituras primero, oír lo que nos dicen y luego desarrollar una manera de pensar y vivir verdaderamente bíblica. Nuestra meta es siempre teología y práctica. No sólo llegar a un buen entendimiento bíblico, pero también cultivar una vida bíblica.
Jesús proclamó que con suficiente fe nada nos será imposible. De que lo dijo no hay duda. Es algo fácil de leer en la Biblia. Lo difícil es saber lo que estas palabras significan para nuestras vidas en el mundo actual. En lo que sigue vamos investigar este pequeño grupo de pasajes que yo he denominado las promesas ilimitadas de Jesús. Hay varios lugares en los evangelios donde Jesús dice que con suficiente fe se puede hacer cualquier cosa, o que si le pedimos cualquier cosa, él nos la dará. Resulta que estos pasajes son un buen taller para investigar este tema del poder sobrenatural en la vida de los cristianos, porque siempre surge una pregunta fundamental: ¿Cómo va a ser que se puede hacer cualquier cosa por medio de la fe? ¿No es algo figurativo? ¿No es demasiado esperara una experiencia de tal nivel de poder sobrenatural? Como verá, las respuestas a estas preguntas nos ayudarán a entender mejor este tema fundamental del poder sobrenatural en la vida cristiana.
Algunos cristianos buscan poder sobrenatural para poder mejorar sus vidas: Si hay algo mal, hay que pedirle a Dios que lo arregle. Para eso existe ¿cierto? Si estás enfermo es porque te falta la fe. Si no ganas suficiente en tu trabajo sólo tienes que pedirle a Dios, con fe, y tendrás un sueldo mejor. ¿Quieres una novia también? Bueno hermano, sólo te falta pedirlo con fe. Así le piden a Dios una casa, un automóvil o cualquier otra parte de la vida buena que sientan que les falta, y a veces lo reciben. Pero otras veces no es así y la gente se desanima cuando sus sueños no se realizan. Después ¿De quién fue la culpa que no se cumplió el deseo? Porque el que oró, se dice, no tuvo suficiente fe. Pero ¿es este el propósito del poder que promete Jesús mediante la fe: una vida más cómoda? Algunos responden que no, y que además de eso, tampoco hay poder para hacer milagros hoy día. Que así lo dice la Biblia; que los milagros eran para otros tiempos y ahora que tenemos la Biblia ya no necesitamos milagros. Después hay otra categoría gente que admiten sinceramente que no entienden este asunto porque la Biblia parece prometer bastante poder milagroso, pero a ellos nunca les pasa nada así. Lo que nos falta a todos desesperadamente es sentarnos a los pies de Jesús y aprender de él acerca de la fe con fe en lo que dice. Oír con fe quiere decir no sólo creer lo que oímos pero también vivirlo. Yo creo que si podemos oír lo que Jesús dice, aceptarlo, y vivirlo el mundo verá nuevamente el poder de Dios.
El niño endemoniado (Mateo 17:14-21)
Cuando llegaron a la multitud, se le acercó un hombre, que arrodillándose delante de El, dijo: Señor, ten misericordia de mi hijo, porque es epiléptico y sufre terriblemente, porque muchas veces cae en el fuego y muchas en el agua. Y lo traje a tus discípulos y ellos no pudieron curarlo. Respondiendo Jesús, dijo: ¡Oh generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo estaré con vosotros? ¿Hasta cuándo os tendré que soportar? Traédmelo acá. Y Jesús lo reprendió y el demonio salió de él, y el muchacho quedó curado desde aquel momento.
Entonces los discípulos, llegándose a Jesús en privado, dijeron: ¿Por qué nosotros no pudimos expulsarlo? Y El les dijo: Por vuestra poca fe; porque en verdad os digo que si tenéis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: “Pásate de aquí allá”, y se pasará; y nada os será imposible. Pero esta clase no sale sino con oración y ayuno. (Mateo 17: 14-21 LBLA). (2)
En este pasaje Jesús aparece en la escena de un desastre espiritual. Sus discípulos han intentado un exorcismo pero las cosas van de mal en peor. La multitud esta observando, el padre les esta rogando, y me imagino que los discípulos están frustrados. Pero después de una larga lucha, los discípulos no pueden echar el demonio el niño es todavía un cautivo del diablo.
El texto es claro en una cosa: Jesús esta enojado. Les dice a los discípulos, y quizás a la multitud también, «¡Oh, generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo tendré que estar con ustedes? ¿Hasta cuándo tendré que soportarlos? » (Mateo 17:17; véase Deut. 32:5). Está arto de aguantar la incredulidad de esta gente. Pero ¿por que esta reacción tan violenta de repente? ¿No ha estado con ellos ya hace años? ¿No les ha estado enseñando las cosas de Dios desde hace tiempo? ¿Por qué la reacción en este momento? Será quizás porque recién acaba de venir de la montaña de transfiguración (Mateo 17:1-13) donde sus vestidos habían brillado como el sol, donde había hablado con Moisés y Elías en una nube de gloria y donde la voz del Padre había dicho: «Éste es mi Hijo amado; estoy muy complacido con él. ¡Escúchenlo!» (Mateo 17:5) El contraste entre ese momento de gloria y esta multitud incrédula dirigida por la incompetencia de sus discípulos puede haber sido demasiado, y en un momento de santa frustración exclama, en efecto, “¡Dios mío! ¿Que voy a hacer con esta gente tan torpe?” Aquí el diablo gana la batalla y los mejores, como lo dijo un poeta, carecen de toda convicción.(3)
Una cosa es segura. Aunque esta exclamación de Jesús pueda parecer contraria a la paciencia infinita del Dios de amor, es una reprimenda real. Jesús esta enojado y, a menos que le atribuyamos al hijo de Dios un momento de ira carnal, debemos afirmar que su ira tiene una razón legitima. Cuando Dios se enoja, tiene buena razón. Pero si esto es verdad, viene con una implicación: debemos asegurarnos de que entendemos el mensaje de este pasaje estar seguros de no recibir esta reprimenda nosotros mismos.
Jesús tenía grandes expectativas de la fe de estos seres humanos, expectativas tan grandes que lo que a nosotros nos parece perfectamente normal es para él un desastre. Nosotros, si nos hubiéramos encontrado allí en medio de esa desesperada multitud, hubiéramos quizás dicho a Jesús algo así, «Señor, no seas tan impaciente con esta gente. Nadie es perfecto. Por lo menos están tratando de hacer algo. Bueno, si han fallado miserablemente, pero ¿Que va a hacer uno? Somos todos seres humanos ¿no cierto?»
Pero Jesús parece haber estado convencido de que sus discípulos eran capaces de lograr este exorcismo. Deberían haber podido liberar a este cautivo. Para esto Jesús los ha estado discipulado. Para esto los ha escogido. El problema no es que los discípulos se han metido en algo demasiado difícil o avanzado, como suele suceder con adeptos. En esta etapa los discípulos ya han sido entrenados y capacitados para exorcismos. Jesús los escogió específicamente para que sanen a los enfermos y les dio autoridad para echar demonios (Marcos 3:14-15). En verdad, ellos ya habían hecho este tipo de cosa cuando Jesús los mandó de dos en dos con autoridad sobre los espíritus inmundos a predicar el evangelio, y a sanar (Marcos 6:7). No les reprende por haber intentado el exorcismo. Les reprende por haber fallado. Jesús esperaba ver en sus discípulos el tipo de fe que es eficaz frente al poder del diablo. Ellos estaban metidos en una batalla, y sin fe la derrota se acerca como la oscuridad que nos rodea al atardecer. La fe que le faltaba a los discípulos y la fe que es el tema principal de este pasaje no es la fe de la persona enfocada en si misma, no es la fe del que está obsesionado con sus propias necesidades y piensa poder conseguirlas de Dio, quien viene a él para mejorar su estilo de vida – o de aquella para quien la espiritualidad es una oportunidad de aumentar su estatus social. Esta no es la fe de los sueños personales o monetarios. La fe que Jesús buscaba y busca todavía hoy es fe para la batalla. Es fe que implementa los propósitos del reino de Dios en el mundo. Es fe que derrota al diablo.
Ahora, que esta gran expectativa de Jesús no aplica solamente a los discípulos es obvio porque su invectiva incluye toda la multitud. Los discípulos la tienen peor porque ellos están al centro del fracaso, pero la multitud también es parte del problema. Jesús los parece ver todos a la vez, incrédulos y sin poder frente al diablo. Él esta enojado porque en realidad sería muy fácil todo esto si alguien tuviera nada más un poquito de fe. (4)
Los discípulos deben haber estado frustrados con si mismos por su falta de poder porque después, cuando se encuentran solos con Jesús, le preguntan cuál era el problema. ¿Porque no lo habían podido echar al demonio? Y es aquí donde Jesús les habla directamente de su falta de fe: “Por vuestra poca fe;” les dice, “porque en verdad os digo que si tenéis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: ‘Pásate de aquí allá’, y se pasará; y nada os será imposible” (Mateo 17:20).(5)
Quizás Mateo está creando un contraste aquí entre la fe de sus discípulos y la fe de la mujer cananea, quien ya ha sido mencionada dos capítulos arriba (Mateo 15:22-28, véase capitulo 4). Ella también tenía una niña endemoniada, pero ella insistió y perseveró hasta cuando Jesús la ignoraba, y al final su hija fue sanada. Puede ser que el problema de los discípulos en el caso del niño endemoniado fue simplemente una falta de insistencia. Jesús les dice «Este solo sale con oración y ayuno» (Mateo 17:21; Marcos 9:29).(6)
No sabemos que tipo de exorcismo los discípulos habían intentando, pero está implicado en el dicho de Jesús que no incluía ayuno y oración, o si lo incluía los discípulos no lo habían hecho mucho. Puede ser que estaban usando las prácticas de los exorcistas judíos, que parecen haber sido exitosas en algunas instancias (Mateo 12:27). De todos modos, la pequeñez de su fe fue evidente en su falta de persistencia. La fe, entonces, de la cual habla Jesús no era algo místico o una emoción que tenían que crear dentro de si mismos. No era un aura espiritual. La fe que buscaba Jesús no era nada más complicado que el perseverar en la obra de Dios.
Lo de las montañas
Pero ¿Que vamos a hacer con esto de mover montañas? ¿Se debe tomar esto seriamente? ¿Lo ha hecho alguien alguna vez, literalmente? Imagínese un hombre, parado frente a un gran monte, quien con una voz llena de autoridad y poder le manda a la piedra y tierra, al arroyo y árbol, que se muevan todos a la vez y no paren hasta hundirse en el fondo del mar. Además de ser una idea fantástica y surrealista como una de las pinturas de Dalí, nos preguntamos ¿cual sería el propósito de tal demostración de poder? Bueno, quizás una o dos veces en la historia de la humanidad podría haber sido necesario mover una montaña al mar. Pero ¡seguramente Jesús no le esta dando permiso a cada discípulo suyo a que monte terremotos y aterrorice al medio ambiente! Si así fuera, el discipulado seria un verdadero desastre ecológico.
Hay una historia (yo no digo que sea verdadera, pero hay una historia) de un orfanatorio en un valle oscuro de África. Se dice que el sol siempre estaba escondido detrás de un gran monte que les robaba la luz del día a los niños. Un día los niños aprendieron la lección acerca de la fe. Vieron a los discípulos, derrotados por el diablo, y oyeron las palabras de Jesús, tan simples y claras: Con un poquito de fe nada más se pueden mover las montanas. Los niños son simples y no se les ocurrió hacer exégesis o consultar su hermenéutica. Pero sí se les ocurrió una tremenda idea (algo que nunca se le ocurriría a un adulto). “Oremos,” dijeron, “que Dios mueva la montaña al océano para que no tengamos que jugar en la sombra todo el día.” Los adultos trataron de explicarles a los niños que Jesús realmente no quería decir algo tan literal, que era solamente figurativo; pero eso era demasiado complicado para los pequeños y lo ignoraron. Después de varias semanas vino un gran proyecto de construcción al área que requería un montón, o una montaña, de tierra. Vinieron los ingenieros y los patrones con sus tractores y camiones y llevaron el monte al mar donde lo usaron para crear los cimientos de un gran puente.
Yo no creo que esta sea una historia veraz por nada más que en el calor de África la sombra fresca de un monte, no el calor directo del sol, es lo deseable. Es el tipo de mito que a veces nos contamos los cristianos. Pero sí nos sirve como buena ilustración porque el problema de los adultos en la historia es que ellos no están abiertos al poder milagroso de Dios y por eso esconden su temeridad, su adultez, detrás de una hermenéutica pesimista. “Vamos niños, el mundo no es tan maravilloso como les parece. Este tipo de cosa no ocurre hoy día. Es solamente figurativo.”
Claro que es en realidad un dicho figurativo. Jesús nos está hablando en lenguaje exagerado para que prestemos atención. Igualmente nos habla en otros lugares de cortarnos la mano, sacarnos el ojo y odiar a nuestros padres. Por supuesto que lo de mover montanas es figurativo, pero lo importante es que no es solamente figurativo. Este es el error de los adultos. Ellos usan la denominación “figurativo” para escapar la demanda y la promesa de la fe. Lo literal parece demasiado difícil y fantástico – por eso es solamente figurativo-. Lo literal trae demandas e implicaciones: ¿por que no tienen ellos este poder tan extraño? – “debe ser solamente figurativo” – ¿Podría ser que ellos no tienen ni siquiera fe como un pedacito de una semilla de mostaza? – “No, no. Es solamente figurativo-“.
Es figurativo, si. Pero no es solamente figurativo. El poder que promete Jesús es poder que no tiene límites y no cabe dentro de nuestras expectativas. La habilidad de mover montanas ilustra la habilidad que tenemos de hacer cualquier cosa necesaria en el servicio de nuestro señor. Cualquier cosa – incluyendo el mover montañas literales si es necesario.
No se puede divorciar este pasaje de la misión de Jesús y del entrenamiento de sus discípulos. Jesús no vino al mundo para hacer trucos mágicos con el terreno. Vino a traer luz y vida. Una parte importante de su misión es rescatar al cautivo, “poner en libertad a los oprimidos.” Esto lo declaró desde el principio de su ministerio:
El Espíritu del Señor está sobre mí,
por cuanto me ha ungido
para anunciar buenas nuevas a los pobres.
Me ha enviado a proclamar libertad a los cautivos
y dar vista a los ciegos,
a poner en libertad a los oprimidos (Lucas 4:18 NVI)
El problema en el pasaje del niño endemoniado es que sus discípulos habían fallado en un conflicto con el diablo. Este oprimido no había sido liberado. En este contexto Jesús da la aseguranza de que por medio de la fe se pueden mover las montañas, que con fe se puede hacer cualquier cosa. Es el contexto de la batalla cósmica entre el reino de Dios y el poder de Satanás. No podemos apropiarnos de esta promesa y aplicarla a cualquier cosa que se nos ocurra, sea un aumento en nuestro sueldo, una fantasía romántica o cualquier otra cosa que procede de un interés egoísta. Dios está trabajando y cuando nosotros participamos en esa obra no hay nada que nos pueda parar. Dios moverá las montanas que nos acosan. Las únicas limitaciones son las nuestras y el carácter de Dios. Por ejemplo, si le pidiéramos a Dios que mueva una montaña encima de la casa de nuestro vecino porque estamos enojados con él ¿hay duda alguna de que él no haría tal cosa? ¿Pero por qué no? Porque el acto mismo es contrario a la naturaleza del Dios que nos da el poder. En realidad nos deberíamos preguntar si estamos siquiera usando fe cuando le pedimos a Dios tonterías contrarias a su naturaleza.
Montañas en el Antiguo Testamento
Se ha notado que en el mundo antiguo las montañas eran los pilares que soportaban el cielo y que también mantenían al disco de la tierra en posición sobre las aguas subterráneas. Las montanas eran un poderoso símbolo de estabilidad. «En este contexto no se puede imaginar una figura mas hiperbólica de poder que la habilidad de mover una montaña.» Este es seguramente el trasfondo de Isaías 54:10 «Aunque cambien de lugar las montañas… no cambiará mi fiel amor por ti.» También hay evidencia que el mover montañas era un modismo que los maestros judíos usaban para describir una tarea imposible.(8)
Pero hay un tema aún más específico en el Antiguo Testamento que informa nuestro pasaje directamente, porque en varios pasajes se describe el poder de Dios como un poder que mueve o controla las montañas. Por ejemplo, en Job:
Él mueve montañas sin que éstas lo sepan,
y en su enojo las trastorna.
Él remueve los cimientos de la tierra
y hace que se estremezcan sus columnas. (Job 9:5-6)
O, en Salmos 97:
Sus relámpagos iluminan el mundo;
al verlos, la tierra se estremece.
Ante el Señor, dueño de toda la tierra,
las montañas se derriten como cera (V. 4-5).(9)
Su poder sobre las montañas no es sólo poder para destrucción o juicio. También se usa este tipo de imagen cuando se describe la obra de Dios por parte de su pueblo. Su poder es tan grande que él moverá las montañas que impiden el progreso de su pueblo. Mire lo que dice Isaías cuando predice el retorno de Dios a su pueblo:
Una voz proclama:
«Preparen en el desierto
un camino para el Señor;
enderecen en la estepa
un sendero para nuestro Dios.
Que se levanten todos los valles,
y se allanen todos los montes y colinas;
que el terreno escabroso se nivele
y se alisen las quebradas.
Entonces se revelará la gloria del Señor,
y la verá toda la humanidad.
El Señor mismo lo ha dicho.» (Isaías 40:3-5)
Es una cuestión de ingeniería. Dios marcha hacia Sion para redimir a su pueblo y no hay nada que lo pueda detener. Para una marcha se requiere un camino y para hacer un camino se deben llenar pozos y valles, y se deben derribar montes y colinas. Dios está construyendo su camino. Él marcha adelante y si hay algo en su paso no va a ser él el que cambia de rumbo.
Después 70 anos de cautividad Babilonia, los judíos regresaron a su tierra y encontraron un lugar muy diferente al que sus padres habían habitado. En su ausencia otras naciones habían entrado la región, trayendo con ellas religiones y tradiciones extrañas. Estas naciones no celebraron cuando los judíos regresaron a Jerusalén y empezaron a reconstruir sus paredes destruidas. Fueron tiempos de conflicto y tensión; de inseguridad y complotes. En el medio del desarrollo de este conflicto la palabra del Señor viene a Zorobabel, el líder de los judíos, animándole a continuar con su tarea, porque es la obra de Dios. El Espíritu del Señor está con ellos, le dice Dios al profeta, y por su poder triunfará:
No será por la fuerza
ni por ningún poder,
sino por mi Espíritu
dice el Señor Todopoderoso.
¿Quién te crees tú, gigantesca montaña?
¡Ante Zorobabel sólo eres una llanura! (Zac. 6:6-7) (10)
Vemos en este pasaje los mismos temas que en la historia del niño endemoniado: Hay una batalla contra los enemigos de Dios, los siervos de Dios están metidos en esa batalla hasta el cuello, y están enfrentados con la posibilidad de fracaso. En esta situación el espíritu de Dios dice: mis siervos tienen mi poder. Juntos moveremos hasta las montanas si es necesario, pero mi propósito no fallará por falta de poder. Obviamente las montanas en Zacarías son figurativas. Montañas literales no eran parte del problema. El problema de Zorobabel no tenía nada que ver con el terreno, y además de eso nos dice el pasaje mismo que la batalla es espiritual. La montaña representa cualquier cosa que esté opuesta a la obra de Dios. El profeta Zacarías usa la imagen de la montaña para conectar la obra de Zorobabel con la promesa del regreso de Dios en Isaías capítulo 40 donde, como ya hemos visto, se nivela el terreno para construir la senda de Dios. La obra de Zorobabel es parte de la trayectoria del segundo éxodo. El poder de Dios para regresar a la tierra prometida es el poder de Dios para restaurar el templo, y ese poder divino sigue esa misma trayectoria a través de la historia hasta hoy: trabajando para su gloria, apoyando a los suyos y expandiendo su reino.
Parece probable que Jesús, quien vivía en el ambiente del texto y el simbolismo del Antiguo Testamento, usó este trasfondo para recordarles a sus discípulos una lección que ya deberían haber aprendido: que los que trabajan en la obra de Dios tienen el poder del espíritu, y que si tienen la fe suficiente no hay nada que los pueda parar en esa obra. No nos olvidemos, también, que Jesús es un cumplimiento de la profecía de Isaías 40. Él es Dios con nosotros, Dios llegado a rescatar a su pueblo. Él ha movido las montañas para formar su camino y si él puede mover montanas para crear este momento en la historia de la redención, seguramente sus discípulos también lo pueden hacer. ¿No es esta la idea más básica del discipulado? Los discípulos imitan al maestro.
¿Pero aplica a mí?
Algunos leerán esto y pensarán «Esta en una enseñaza muy buena que aplica a los apóstoles y a los grandes héroes de la fe. Pero no es para mí porque yo no esto involucrado en una gran obra de Dios. Yo soy un cristiano simple y si puedo lograr un día a la vez en mi vida cotidiana, estoy satisfecho. La verdad es que yo nuca he requerido tanta fe para hacer cosas tan grandes.» Si esto es lo que se le ocurre a usted, por favor considérelo. Cada cristiano tiene su obra, y si no pensamos que tenemos una obra es porque no estamos escuchando a Dios; no hemos prestado atención a su palabra. El apóstol Pablo nos dice que cualquier persona que intenta vivir una vida santa va a encontrar oposición (2 Timoteo 3:12). Para mantenernos fieles en este mundo necesitamos el poder de Dios en nuestra vida, y las buenas nuevas son que lo podemos tener.
Si no pensamos que nos cae a nosotros hacer grandes cosas para Dios, puede ser que no nos hemos sentado a pensar cómo podemos participar en su obra. Puede ser que la obra de Dios no es una prioridad para nosotros. Somos salvos y vamos al culto y quizás también damos nuestro diezmo, pero el reino de Dios y su avance no es lo que nos apasiona. Estamos interesados en nuestra vida y nuestras posesiones. Nuestra pasión es nuestra vida. Si así es la cosa tenemos razón. La promesa no aplica a nosotros. La promesa aplica al que está metido en la obra de Dios. Aplica al que ya no está conciente de la diferencia entre sus deseos propios y los deseos de Dios. Esa persona quiere el poder de Dios para hacer las cosas de Dios. Esa es su pasión; esa es su misión. Esa es la persona que va a mover montañas.
Hay lugar para todos en el reino de Dios. El cristianismo no es solo cosa de profesionales. No es cosa de actores y audiencia. Todos somos parte del movimiento de Dios y todos necesitamos su poder para su obra. Por eso Pablo puede decir a todos los cristianos en Corintio, «manténganse firmes e inconmovibles, progresando siempre en la obra del Señor, conscientes de que su trabajo en el Señor no es en vano» (1 Corintios 15:58). Todos participan. No hay distinción entre pastores y laicos. La mujer cananea no era una evangelista famosa, era una madre con gran fe. En cuanto a la fe somos todos iguales. Santiago nos dice que Elías no era un hombre de tipo especial o más evolucionado que el resto de nosotros. Más bien, «Era un hombre con debilidades como las nuestras» (Santiago 5:17). Él le pidió a Dios que pare la lluvia y la lluvia paró. Las historias de la Biblia no se tratan de personas famosas. Todos esos personajes fueron gente normal como nosotros. Fueron gente del campo, gente de la ciudad; vecinos y extranjeros; padres, madres, hijos y hermanos. El poder del mensaje del evangelio es precisamente que el poder de Dios ha invadido nuestro mundo en todos sus niveles y las buenas nuevas de la gracia de Dios vienen a todo tipo de persona en todo lugar. Como dijo Francis Schaeffer, uno de los filósofos cristianos del siglo pasado: «No hay ni persona pequeña, ni lugar pequeño.» Algunas personas, dijo Schaeffer, piensan, «Es maravilloso ser un cristiano, pero yo soy una persona tan pequeña, tan limitada en mis talentos – o energía o fortaleza psicológica o conocimiento – que lo que yo hago no es realmente importante. Pero la Biblia tiene un énfasis diferente: Con Dios no hay personas pequeñas.»(11)
Regresamos otra vez al tema de los extremos que ya discutimos: por un lado algunos han usado la promesa del poder de la fe para enseñar que Dios nos dará cualquier cosa que le pidamos si tenemos suficiente fe. Como si Dios fuera un abuelito bondadoso sentado en el cielo esperando que le pidamos cualquier cosita para que él nos dé regalitos; como si Dios fuera una máquina y solo tenemos que aprender a apretar los botones correctos para que salga lo que queramos. Pero no: el poder de Dios es para los están ocupados con las cosas de Dios.
Pero aunque este tipo de mal interpretación es común yo creo que lo más común es el otro extremo: pensar que esto de mover las montañas no aplica a nosotros. Se puede ver esta interpretación pesimista en algunos de los eruditas quienes a pesar de su gran conocimiento y educación no han oído la voz de Jesús con fe. Dijo uno, «La fe que mueve montañas era sólo para quienes Dios les dio la habilidad de obrar milagros…sería necedad si nosotros atentáramos tales cosas.»(12)
Pero este autor no nos da las razones para su opinión. La necedad parecería más bien en ignorar estas palabras del señor porque nos hacen sentir incómodos o porque no hemos visto este tipo de cosa en nuestra experiencia. Si ignoramos la palabra de Jesús tomamos el riesgo de recibir su reprimenda « ¡Ah, generación incrédula y perversa!» (Mateo 17:17) Quien no crea poder mover montanas no las moverá. Es así de simple. Es una opinión que será confirmada por experiencia. Si no creemos que podemos tener fe no tenemos ni la parte de un grano de mostaza de fe.
Otro erudito ha dicho, «Es manifiesto que no tenemos el derecho de aplicar esto a nosotros. Fue diseñado para los apóstoles.»(13)
Pero no se explica como o porque esto es manifiesto. En la versión del milagro en Marcos Jesús le dice al padre del niño que todo es posible para el que tiene fe. El padre responde, «¡Sí creo! ¡Ayúdame en mi poca fe!» (Marcos 9:23,24). Esto de la fe aplica a todos, no solamente a los apóstoles, evangelistas o profesionales.
La ironía del corazón quebrantado
Recientemente visité una iglesia en México que tenía una congregación muy entusiasmada y un pastor ya un poquito viejito que predicaba con una tremenda energía. El tema del sermón era que cuando nosotros nos alejamos de Dios él nos manda dificultades y problemas. El texto bíblico del sermón se trataba de uno de los reyes de Judá a quien le vinieron guerras y problemas políticos. Pero cuando él se arrepintió las cosas mejoraron. Hubo paz y prosperidad. El pastor nos habló de la importancia de vivir siempre ante Dios con humildad y con una actitud de quebrantamiento porque, dijo citando las escrituras, él no puede resistir un corazón quebrantado. “¿Tiene problemas en su vida?” nos preguntó. “¿No puede pagar sus deudas? ¿No puede ganar suficiente dinero para vivir? ¿Tiene siempre problemas de salud? Arrepiéntase, quebrántese, humíllese delante de él y observe cómo mejoran las cosas.”
La verdad es que el mensaje me impactó. Hasta fui uno de los que procedieron al frente a presentarme al señor, quebrantado. Pero a la misma vez estuve conciente de había problemas con el enfoque. No se puede negar que la bendición de Dios en nuestra vida está vinculada con nuestra obediencia. Es un principio que se presenta repetidamente, especialmente en el Antiguo Testamento, pero también en el nuevo. Dios nos quiere bendecir pero esta bendición sólo viene cuando caminamos en sus sendas.
Unos días después del sermón se me ocurrió que hay una ironía aquí entre quebrantamiento y bendición, y no creo que este predicador la había entendido. Veo más y más que pocos parecen entenderla. La ironía es que un corazón quebrantado ya no busca primeramente su interés propio. Al estar humillados delante de Dios ya hemos echado al lado la obsesión humana con lo nuestro: nuestro bienestar, nuestras posesiones, nuestra posición social. La idea de quebrantarse delante de Dios para que él nos dé algo es un poco extraña y contradictoria. El quebrantamiento es la admisión de la superioridad de Dios y sus propósitos a lo nuestro. Es la presentación de nuestra voluntad ante sus pies, “Soy tu siervo, señor, haz lo que quieras de mí.” Una vez que llegamos a este punto, lo nuestro ha diminuido necesariamente. No es que haya desaparecido, pero ha diminuido.
El problema con el sermón que yo oí en aquella iglesia no era la idea de que Dios bendice al corazón quebrantado o, para poner el principio en el contexto de la cuestión de mover montañas, no es que Dios no quiera darnos su poder milagroso en abundancia. El problema fue que no se explicó la ironía de corazón quebrantado. Al fin y al cabo las personas reunidas no quedaron con nada más grande que el mejoramiento de las pequeñas vidas de cada individuo. El propósito de la obra magnífica de Dios en nuestro mundo parecía sumarse en el mero mejoramiento la vida individual de cada persona y nada más. Es un ejemplo clásico del individualismo. Dios como un talismán. El quebrantamiento como el secreto del éxito – como si el mundo necesitara otro “secreto del éxito”. La verdad es que Dios sí nos quiere bendecir y quiere obrar milagros por medio de nosotros, pero no es sólo para que mejoremos nuestras vidas propias. Es más que nada para que podamos bendecir a otros. El poder de Dios es para el que está apasionado por la obra de Dios.
Roberto Haskell
1. Carro, D., Poe, J. T., Zorzoli, R. O., & Editorial Mundo Hispano (El Paso, T. (1993-1997). Comentario bíblico mundo hispano / Mateo (1. ed.) (Page 235). El Paso, TX: Editorial Mundo Hispano. p. 236.
2. La historia también aparece en Marcos 9:14-29 y Lucas 9:37-42.
3. William Butler Yeats, The Second Coming.
4. La frase “generación incrédula y perversa” viene de Deuteronomio 32:5 donde Moisés castiga al pueblo de Israel en su tiempo. O sea que Jesús está diciendo: Ustedes no han cambiado desde los días de Moisés. Lo mismo que dijo Moisés en aquel entonces se le puede decir hoy a este pueblo.
5. En la versión en Marcos Jesús le dice esto al padre, no a los discípulos (Marcos 9:21-24). Probablemente las dos conversaciones ocurrieron, y puede haber sido la conversación entre el padre y Jesús que les animo a los discípulos a pedirle a Jesús una explicación mas adelante.
6. Algunas versiones de la Biblia notan que versículo 17:21 de Mateo no aparece en todos los manuscritos griegos. Sin embargo, el dicho si aparece en la versión de Marcos (9:29) y por esa razón podemos por lo menos considerarlo como parte de la historia.
7. Robert H. Gunry, Matthew. (Eerdmans 1982), p. 353. Traduccion mia.
8. Keener, C. S. (1997). Vol. 1: Matthew. The IVP New Testament commentary series (Mt 17:19). Downers Grove, Ill.: InterVarsity Press. No page numbers: The Disciples Lacked the Most Basic Level of Faith (17:19–20)
9. Véase también: Jueces 5:5; Job 28:9; Sal.194:36; Is. 41:15; Jer. 4:24; Ez. 38:20; Mic. 1:4; Nah. 1:4; Hab. 3:6,10.
10. Véase Ezra. 3:8-6:15 para la historia completa de Zorobabel.
11. Schaeffer, F. A.(1996, c1982). The complete works of Francis A. Schaeffer : A Christian worldview. Westchester, Ill.: Crossway Books. Vol. 3, p.5. Traducción mía.
12. John A. Broadus, Matthew (Philadelphia: The American Baptist Publication Society, 1886), p. 376. Traducción mia.
13. Albert Barnes, Matthew and Mark (London: Blakie & Son, n.y.), pp. 224-225.

